MALVINAS: TAN LEJOS, TAN CERCA

Un documental de Jorge Lanata, que nos plantea una perspectiva diferente de las Islas Malvinas. Retomando el pasado y analizando el presente, una obra excelente que permite ampliar temas de historia y por qué no, filosofía.

La vida en las Islas Malvinas, o para los ingleses, Falkland Islands, desde la guerra ha cambiado radicalmente. Efectivamente, todos los isleños consideran que ha habido un progreso muy importante y la calidad de vida ha aumentado.

Esto se ha da de manera gradual, desde varios aspectos que han contribuido a ello. Por empezar, debería decirse que este cambio se inicia cuando el reino la toma bajo su protección, con un virrey designado por la reina llamado councillor.

En el aspecto económico, la situación se presenta próspera. Años atrás, los isleños solían vivir de la caza y la pesca, enmarcado en una economía de subsistencia; sin embargo, hoy en día el boom del turismo y el mejoramiento de los mecanismos de pesca ha llevado a que estas sean las dos actividades pilares de la isla, generando altísimos ingresos y abarcando la mayor fuerza de trabajo. Por otro lado, existen otras pequeñas empresas que son atendidas por sus propios dueños, aquellos que no trabajan directamente en relación a las actividades mencionadas anteriormente. Esta idea se contrapone con otra situación que se da, donde las compañías están monopolizadas bajo un único dueño, lógicamente, una empresa extranjera. Justamente, esto tiene consecuencias sobre la vida de la población, porque las empresas pequeñas empiezan a perder importancia, de moto tal que los trabajadores que pueden estar calificados se ven obligados a trabajar en actividades irrelevantes. Sintetizando, los habitantes de la isla no se muestran para nada decepcionado mas allá de algunas cuestiones, ya que lo que ganan les permite mantener un nivel de vida alto.

A nivel social, los habitantes suman un numero cercano a 3000. así se ha conformado una comunidad con lazos fuertes, con un sentido de arraigo y pertenencia, quienes no se consideran ingleses, sino isleños o Keplers. Sin ir mas lejos, aquellos que no hayan nacido en la isla prácticamente están mimetizados con aquellos que si. Los chilenos o argentinos que allí viven consideran que en nada se parece la isla con sus lugares de origen; solamente el posible sentimiento de aislamiento es lo que los perturba, porque por el resto se encuentran muy cómodos allí. Aunque es necesario mencionar que conservan las esperanzas de volver. Particularmente, se hace un diferenciación entre lo que es Stanley y Santa Helena, ya que el primer lugar se lo muestra como un lugar aburrido, con pocas actividades para hacer, muy diferente de Santa Helena, donde la vida parece mas activa y entretenida. Esto sin duda hace al comportamiento de los individuos y su relación con lo que los rodea, haciendo muy particular la vida cotidiana.

Para los habitantes, la guerra no parece ser un hecho significativo en realidad. Prácticamente nada se sabe de ello; por ejemplo, los jóvenes en el colegio no tratan el tema, sino que lo conocen a través de sus padres quienes les aportan algunos datos. Es por eso que no se ha gestado un rencor absoluto a los argentinos, quizás algunos pocos endurezcan sus posiciones, pero la gran mayoría nos ve como vecinos y nada más que eso.

En conclusión, podríamos decir que la sociedad de las Malvinas o Falklands ha avanzado, ha logrado una identidad propia, tiene una organización política y económica adecuada y esto, entre otros factores, ha generado un bienestar generalizado. Por supuesto, sentimientos de aislamiento, soledad y monotonía, explicados en general por la locación geográfica, influyen en la vida de los isleños.

En el documental se hace un planteo por demás de interesante: ¿dónde queda Puerto Argentino? Ciertamente, el periodista va a descubrir que este no existe pero a la vez sí. No existe ya que ningún lugar recibe ese nombre, sino que se lo conoce como Puerto Stanley. Sin embargo, nos introduce en una nueva cuestión, que Puerto Argentino esta presenta en el cementerio donde se encuentran sepultados los soldados argentinos caídos durante la guerra. Ahora bien, es cuestionables hasta que punto podría llamárselo argentino si incluso el propio gobierno decidió en su momento no repatriar los cuerpos. Indudablemente esto significó una absoluta falta de respeto, una atroz inmoralidad, ya que ni siquiera dieron la oportunidad a los familiares de despedir a sus seres queridos. Seguramente, haberlos tenido mas cerca no hubiera aliviado el dolor, pero hubiera modificado la situación. Hoy en día para visitar las tumbas deben viajar hasta las islas.

El hecho de que el gobierno inglés se hiciera cargo del cementerio de los caídos argentinos es por demás de significativo. Implica, no me atrevería a decir ahora, pero que por mucho tiempo este tema permaneció soslayado, olvidado. Años mas tarde el gobierno argentino comenzó a encargarse de él, en un intento de remediar lo anterior. Aunque esto lo logró a medias, ya que en muchas ocasiones el cementerio se encontraba descuidado y no en condiciones óptimas. Como vemos, no parece ser un tema de importancia dentro de la agenda de los políticos encargados del tema; pero lo que es aún peor, habla muy mal de Argentina como país que no le interesan sus veteranos de guerra.

Y no sólo de los políticos debemos hablar, sino de la sociedad toda. Como ciudadanos tenemos al menos una obligación para con nuestros ex combatientes: recordarlos y reconocerlos. Considero que  el establecimiento de un día para reconocer a los veteranos y caídos en Malvinas es muy oportuno. Si bien no solo debería recordárselos estos día, lo que en si se logra es fomentar la reflexión y la memoria por personas que no solo dieron la vida por nuestro país sino que fueron víctimas de un gobierno inescrupuloso que los obligó a luchar en una guerra sin sentido.

Muchos considerarán que por mas reconocimiento que demos a quienes participaron de la guerra no se aliviará su dolor, y puede ser cierto, sin embargo, creo que esto al menos les permite vivir un poco más tranquilos, sabiendo que hay un pueblo que es consciente de lo que pasó en 1982 y es capaz de solidarizarse y lograr una empatía con ellos. Y es por eso que no debemos desviarnos de esas responsabilidades, de respetarlos, de recordarlos, de ayudarlos…porque no hacerlo habla de nuestra integridad como personas y de que no somos ajenos a un tema que nos toca de cerca.

Es válido retomar lo que decía unas líneas antes donde mencionaba que el día de los caídos en Malvinas es un día muy importante. Parecería ser que la sociedad de hoy se rige por cánones bastantes individualistas y egoístas, donde el otro prácticamente no importa. Y ante esa situación, el impacto que generan este tipo de temas no es demasiado significativo o no lo es en la medida en que debería serlo. Por eso, desde los medios de comunicación, desde las escuelas, desde las distintas entidades no gubernamentales y desde el gobierno mismo se debería fomentar la discusión de este tema, el pensamiento y el debate.

Esto de ninguna manera quiere decir que el tema no este arraigado en la sociedad. Con el paso de los años, lo que debemos lograr es la guerra de Malvinas y sus combatientes permanezcan vigentes y no pasen a ser un escollo más de la historia argentina.

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