SOL DE NOCHE

El documental se sitúa en Ledesma, en la provincia de Jujuy. Se plantea como cuestión central la historia que cuenta una mujer llamada Olga, cuyo marido fue desaparecido durante la época de la dictadura militar iniciada en 1976 y todo lo que dicha desaparición conllevó.

Para dar un panorama general, se destacan algunas características de Ledesma por aquellos tiempos, donde un ingenio azucarero manejaba prácticamente el departamento entero en un sistema pseudo-feudal por así llamarlo.

A la vez, emerge la figura de Luís. Él era un medico que habiéndose graduado fuera de su provincia, había vuelto para brindar asistencia a aquellos menos tenían, a los pobres que trabajaban en la cosecha; así se gano el afecto de todo el pueblo, con su personalidad generosa y desinteresada.

Al haberse perfilado de tal manera, le ofrecen el puesto de intendente de Libertador. Si bien el no pertenecía al partido peronista, decide acceder a esa oferta. Así inicia una gestión muy próspera, con planes de urbanización, políticas publicas, etcétera. Y además, dictamina una ley inaudita: el ingenio azucarero deberá pagar impuestos.

 

Esto provocó que el municipio se viera intervenido por las fuerzas armadas del gobierno aún constitucional, y Luís fue obligado a renunciar.

En 1976 se produce el acceso al poder de la Junta Militar y al poco tiempo, Luís es victima de un secuestro. Al igual que mas 300 ciudadanos de Ledesma. Muchos de ellos, incluidos Luís, son dejados en libertad para 1977.

Sin embargo, con una sistematización del terror mucho mas dura e implacable, Luis es nuevamente secuestrado en un operativo en la vía publica. Desde ese momento, nunca más nadie volvió a verlo.

En 1983, con la vuelta de la democracia, surgen las agrupaciones que reclaman por sus familiares desaparecidos como las Madres y Abuelas.

Al concluir el documental, se muestra como Olga sigue luchando por la vuelta de Luís, y marchando todas las semanas sola en la plaza de Ledesma.

 

Cuando el gerente de relaciones publicas del ingenio da su testimonio, claramente deja ver que había una especie de goce al comportarse de la manera en que lo hacía. Es decir, el no tiene ningún reparo en decir que despidió a más de 10 mil hombres, que “hay que saber coimear” y demás. Estas actitudes son absolutamente condenables y deja bien en claro como era la postura de la empresa a la que representaba.

Particularmente nos genero una sensación de desagrado, de repulsión. Creo que hablar de esa manera de una época tan difícil para toda la sociedad argentina muestra una deshumanización, una falta de sentimientos absoluta. Como vemos, hay gente que por determinados intereses económicos venden su dignidad y esto los marca de por vida; porque en ningún momento Paz da señal alguna de arrepentimiento.

Como antes mencioba, muchas veces existe una estrecha relación entre el poder económico y el poder político. En ese momento, el poder político estaba íntegramente concentrado en los militares. En este documental se refleja la manifiesta simbiosis entre las ambiciones económicas y la represión.

El ingenio azucarero, al tener un control abrumador sobre la sociedad de Ledesma, no se opone a colaborar con los objetivos militares. Es por eso que aportan su ayuda desde cualquier aspecto, ya sea brindando información, por ejemplo, u ofreciendo sus vehículos, empleados o instalaciones para participar en operativos de secuestro como el de “la noche del apagón”.

Los dueños del ingenio intentan proteger sus propios intereses económicos, porque eran conscientes de la fuerza de los militares. Pero a la vez, como hablamos de simbiosis entre estos dos grupos, los militares sabían del poder de los Blaquier y el control que ejercían sobre Ledesma. Indudablemente, se beneficiaron mutuamente.

 

Sin lugar a dudas debemos decir que la lucha de Luís tuvo sentido. Y es por eso que se debe destacar el valor que tienen este tipo de documentales, que rescatan historias que por allí permanecen olvidadas. Este médico dedicó su vida a ayudar a los menos favorecidos, transmitiendo valores de igualdad y respeto por los otros. No es casualidad que haya sido un desaparecido, porque es un personaje que se manifestaba en contra de los intereses individualistas y lógicamente, egoístas. Además de la importancia que le otorga a insistir a la hora de intentar lograr un objetivo o seguir un ideal. Ciertamente, lo podemos considerar un modelo a seguir, que pago con su vida por el bienestar de los otros.

Hablar de represión hoy en día es una cuestión muy delicada. El termino implica la acción de contener, coartar, detener mediante la violencia las acciones políticas o sociales. Obviamente, es imposible comprar los tiempos históricos; es decir, hablar de represión en la actualidad en los términos de la represión de la dictadura es una incoherencia, porque incurriríamos en un anacronismo.

La democracia nos ha dado una posibilidad enorme: la libertad de expresión. Hoy en dia, podemos expresar nuestros pensamientos, nuestras ideas de manera libre, sin que sean censuradas por algún motivo. O por lo menos, asi debería ser. La verdad es que en muchos casos se ha reprimido a los que piden igualdad, organizan sindicatos o se oponen a las guerras. En la vida diaria, hay mucha presión a conformarse o perder el trabajo… o peor. Y ni hablar de la dominación de los medios y demás formas de diseminar ideas por los más poderosos, y de la manipulación de la opinión pública y la supresión de las ideas contrarias. Esta es la realidad de una “dictadura” detrás de la retórica democrática: un clima de conformidad impuesta y, cuando sea necesario, de represión estatal para proteger los intereses encubiertos.

Es por eso que debemos abogar por el fortalecimiento de la libertad de expresión. Hoy a un nivel sin precedentes. Porque una sociedad que piensa y se expresa no solo se garantiza para sí un bienestar sino que también lo hace para generaciones futuras, al legarles ese espíritu. Necesitamos un choque de ideas para entender mejor la realidad y tan profundamente como sea posible para poder cambiarla.

Hay cuestiones de nuestra historia reciente que condicionan inevitablemente nuestro futuro. Y nadie más que nosotros debe y puede buscar las respuestas a esas cuestiones.

No cabe duda de que los pueblos, igual que los individuos, necesitan elaborar sus experiencias traumáticas, encontrando en ellas elementos que les permitan proyectar y proyectarse en el porvenir. Y quizás, porque el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, es que necesitamos mantener presentes los resultados de nuestras experiencias pasadas.

 

La vida de los pueblos se extiende más allá que una generación. Nos alcanza desde el pasado y se prolonga indefinidamente hacia el futuro. Y cada generación, no sólo tiene derecho a recibir la experiencia acumulada tiempo atrás, sino que, además, está obligada a participar de la construcción colectiva de la memoria.

Sería una necedad negar la complacencia y adhesión de muchos sectores con el golpe militar de 1976. De igual forma, es imposible no reconocer la existencia y el accionar de grupos guerrilleros organizados, que sirvieron de excusa para que los militares se alzaran con el poder aquel 24 de marzo. Pero, pretender repartir en partes iguales los horrores de aquel tiempo, es una actitud simplista y engañosa. Sabemos que el verdadero terrorismo fue el que desplegó el Estado con un plan de exterminio funcional a un proyecto económico y político de dependencia. Su efecto absolutamente destructor no solo acciono sobre la época sino que aún hoy lo sigue haciendo..

 

Sólo a partir de la verdad y la justicia es posible reconstruir esta desgarrada trama social. No se puede proyectar y edificar un futuro sobre la base de un olvido forzado que nos impida reconocernos. Pretender hacer “borrón y cuenta nueva” es negar nuestra participación en el proceso de elaboración de la conciencia social. Por eso, se evoca a la memoria constantemente. La memoria hay que elaborarla y consolidarla.

 

Que se decida recordar la barbarie de la dictadura no bebería ser en vano, y he aquí el porqué de no olvidar: la posibilidad de decir “nunca más”.

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